La audiencia espera nuestro discurso. Espera que no le hagamos perder el tiempo. Y nosotros no queremos hacérselo perder. Conectar con la audiencia es mucho más que demostrar emociones. Es transmitirlas.

Disfrutar de las emociones, incluso de las emociones mal consideradas negativas, es como aceite en los engranajes.

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“Un gran orador nos convence no por la fuerza o el razonamiento, sino porque disfruta visíblemente de las creencias que quiere que aceptemos”

W.B.Yeats

Si el público nos ve disfrutar, querrá unirse a nosotros. Invitémoslo a pasar demostrando nuestro propio entusiasmo. Es lógico pensar que, para que otros crean en nuestro discurso, nosotros mismos tenemos que creer en el.

Que sea divertido. Contagiemos el entusiasmo.